Liderazgo femenino que florece en la neblina: Julieta de la Torre y la conservación de las Lomas de Atiquipa
En las Lomas de Atiquipa, donde el desierto se transforma con la neblina y la memoria del territorio sigue viva, Julieta de la Torre ha tejido una forma de liderazgo que une conservación, identidad y futuro. Desde una visión integral, ha impulsado la protección de este ecosistema único mientras genera oportunidades económicas locales, involucrando a las familias en actividades turísticas, productivas y culturales. Su gestión ha sido clave para el reconocimiento de las Lomas de Atiquipa como área de conservación privada y para la articulación de iniciativas de reforestación, agrobiodiversidad y restauración de ecosistemas junto a actores públicos y privados. Más allá de los logros visibles, Julieta ha fortalecido el orgullo comunitario, rescatando saberes ancestrales y sembrando en niñas, niños, mujeres y jóvenes el compromiso de cuidar la naturaleza como parte de su propio hogar.

Este trabajo sostenido ha sido reconocido a nivel nacional con el Premio para la Conservación Carlos Ponce del Prado 2025, que distinguió a Julieta como Personalidad Ambiental, destacando su liderazgo, innovación y compromiso con la conservación del patrimonio natural y cultural del país. Su experiencia trasciende el ámbito local y ha sido compartida en espacios de diálogo, conferencias y medios de comunicación, inspirando a más personas a ver en la conservación una oportunidad para el desarrollo sostenible de los territorios.

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Este liderazgo se fortalece también a través de su participación en el Programa de Liderazgo Sinchi Warmi 2.0, una iniciativa impulsada por DESCOSUR, con la colaboración de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) y la cooperación alemana para el desarrollo implementada por la GIZ, a través del proyecto Puna Resiliente. El programa se desarrolló del 16 de octubre al 12 de diciembre y reunió a 40 mujeres campesinas lideresas de los distritos de Caravelí, La Unión, Castilla, Caylloma, Arequipa, Condesuyos e Islay, así como a cuatro especialistas de campo de la GIZ provenientes de Arequipa, Cusco, Puno y Apurímac.
A través de espacios de formación, intercambio y articulación de redes, Sinchi Warmi 2.0 fortaleció las capacidades de las participantes en gobernanza comunitaria del agua, acción climática y defensa de derechos territoriales, consolidando liderazgos femeninos que hoy generan impactos concretos desde sus territorios. La experiencia de Julieta refleja cómo el acompañamiento a mujeres altoandinas, desde un enfoque intercultural y de género, contribuye a construir soluciones basadas en la naturaleza y a fortalecer la resiliencia climática en el sur andino del Perú.

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